
Lentamente
se levanta el agua quieta
de esos charcos
Una fascinante herida
que rebalsa en el oscuro filo de esa noche
Cientos de personas
claman gritan se enfurecen
La afiebrada letanía
en cierta cumbre
de mis sueños
No hay ya culpa no hay remordimiento
Es el plazo que se cumple
en este año
Es la fecha del designio
del comienzo o del final
Los amigos
la familia lejos
y una embarcación vacía
que se arrastra mar adentro
en el vaivén artero de un oscuro amanecer
Desde esta sombra que soy yo
que no resiste
y que se aleja
Vivo el paso de los días
y acompaño en el dolor
Desta tierra bifurcada
miro entrego canto asombro
No soy nada no soy nadie
mas el grito que me eleva
es la sangre que yo envío
Duermo en la intranquila
afable denostada capital de la certeza
No recuerdo llamas o la oscuridad
de un callejón de madrugada
de aquel norte fijo en la montaña
Ya los sueños no me vencen
y la imagen
de aquel barco vuela o me revela
en un naufragio nuevo
más real que nunca
En ese río congelado
En el frío abrazo del desastre.
Buenos Aires, marzo 10