
La bruma escapa a la ciudad
El desorden del cabello
Y las enormes manos bendecidas de una joya
Inexistente
Vuelvo al aire, al mar, al barro
Soplo que la vida quita
Y me descanso entre sombras y el recuerdo
De un aspecto maldiciente.
Repetido el gesto en la cornisa
No despido antes de saltar
Nadie observa, nadie está
Hacia el vuelo, hacia la sangre
hacia el final.